El concepto de autoestima está relacionado con el valor que nos asignamos a nosotros mismos, es la confianza que poseemos y traduce qué tan satisfechos nos sentimos acerca de nuestra persona. Ha sido un tema muy estudiado sobre todo en los años recientes tratando de dar respuesta a comportamientos que valoran las competencias de los niños.

Cuando se habla de la crianza de los hijos, el concepto autoestima surge como respuesta inmediata. Se sabe que la autoestima es una dimensión que se gesta desde temprana edad y está vinculada a la calidad con que el entorno familiar ha sido capaz de acoger al niño o niña.

Tanto se ha popularizado el concepto, que hoy día nos referimos a la autoestima como un componente fundamental en la estructuración de lo que llamamos auto concepto, siendo definido éste último como percepción o idea que se tiene de sí mismo.

¿Cómo pueden los padres influir en sus hijos para promover el desarrollo de una autoestima saludable? ¿Desde cuándo son influyentes los mensajes de los padres y las madres para gestionar un auto concepto con una buena valoración de sí mismo?

Para responder estas interrogantes es preciso situarse en la familia que cuida, protege y vela por el desarrollo sano de sus hijos. Es desde esa matriz en donde surgen primeras las interacciones que sustentan los iniciales vínculos de apego y desapego forjadas a través de relaciones cálidas y nutricias con las figuras parentales o por el contrario de relaciones desligadas y frías.

Ese ambiente confortable, propiciador de apego será posible si existe en los cuidadores un autoconcepto fuerte, armonizado consigo mismo y con confianza para gestionar los procesos de desarrollo que han de afrontar los hijos. Se trata de padres que tienen una valoración positiva de sí mismos, que pueden transmitir satisfacción a su prole, creando el escenario para expresar afecto y ternura de forma espontánea, contribuyendo de este modo a forjar una autoestima saludable.

Un aspecto que los padres han de observar son las percepciones que tienen de sí mismos y no perder de vista cuáles mensajes de satisfacción personal están mostrando a sus hijos. Es de recordar que los niños devuelven lo que ven y reciben. Si los padres se representan con insuficiencia o se refieren a sí mismos con insatisfacción, es muy probable que éste sea el comportamiento que reproduzcan. Esto, referido al plano personal, laboral, profesional, conyugal y familiar entre otras dimensiones.

Por otra parte, está demostrado que en aquellos hogares en donde coexisten padres muy exigentes, cuya mirada de valoración personal está en mostrar un cuadro de perfección, con altas exigencias, en donde se procura que los hijos e hijas exhiban altas competencias terminan formando hijos con grandes inseguridades. El estilo de comunicación que se impone en estas familias es altamente demandante, con mensajes que descalifican todo intento de aprendizaje si no se da en un contexto de perfección. Este modelo genera evidentemente poca confianza, temor a errar, sentimientos de poca valía personal, con el consecuente impacto en el desarrollo del autoconcepto. En ese mismo orden en estas familias se producen vínculos distantes y el afecto parece estar ausente o poco expresado.

Una de las tareas que todo padre y madre han de trabajar para proporcionarles a sus hijos sentido de competencia, es empezar a mostrarles que creemos en ellos, darles la oportunidad de mostrar que son capaces de cumplir con determinados retos, iniciando con pequeñas tareas que fomenten la autosuficiencia, permitiéndoles mostrarse a sí mismos que pueden ser capaces de llevar a cabo las tareas propuestas aunque no sean perfectas. Estimular los pequeños pasos que van logrando, estableciendo nuevos desafíos que promuevan emprendimientos cada vez mayores. Estas acciones pueden ser la vía para generar la autoconfianza e ir ganando una buena apreciación de sus capacidades, lo que al fin de cuentas va estructurando una autoestima favorable.

Un tema preocupante es observar como padres y madres protegen de forma excesiva a sus pequeños hijos e hijas. Les realizan las tareas como forma de convertirlos en los mejores del grupo, evitan a toda costa que se enfrenten a situaciones de dificultad y les resuelven los problemas propios del crecimiento. Esta postura lejos de ayudarlos va creando las condiciones para su incompetencia, haciendo que se perciban como seres lentos y torpes. El mensaje oculto tras esta postura sobreprotectora es la creencia de los padres de que su hijo no es capaz, haciendo que el niño se perciba como insuficiente.

Fomentar el diálogo con los hijos sobre sus capacidades, sus valoraciones, sus fortalezas, son excelentes estrategias que van contribuyendo a construir una buena autoestima. Acompañar los logros académicos, hacer presencia en el centro escolar, en los eventos y fechas importantes, permitirles tomar opciones en determinadas situaciones, explorar sus intereses y fomentar retos, validarlos cuando resuelven un problema aunque no sea realizado de forma perfecta, son algunas de las acciones que pueden hacer los padres para fortalecerlos y lograr que sus hijos e hijas se perciban competentes y responsables.

Un aspecto que deberá ponerse bajo lupa es el relacionado con las discrepancias entre los padres en términos de favorecer uno la autoestima y otro de debilitarla mediante sutiles mensajes descalificantes. Todo padre debería ser capaz de observar sus respuestas habituales frente a sus hijos observando las pautas ambiguas, evitando a toda costa el uso de etiquetas y comparaciones ya que estos patrones inciden poderosamente en las creencias que construirán los niños acerca de si mismos.

Recordemos un principio esencial en las relaciones padres e hijos: para cambiar la conducta de los hijos, primero tienen que cambiar los padres. Se espera que como padres estén prestos a ser comprensivos y capaces de regular las emociones, dispuestos a buscar mejores respuestas, guiar, conducir y acompañar los hijos.